Capítulo 15: Volveré pronto
Abrí los ojos. Las persianas estaban ya subidas y la ventana abierta. Me levanté de la cama me puse las zapatillas y la bata de seda rosa.
Fui al baño y me lavé las manos. Cogí mi peine y me peine el pelo para desenredar los nudos.
Después de peinarme, me pasé los dedos por el pelo, suave y largo.
Dejé el peine en su sitio y salí del cuarto de baño. Bajando por las escaleras escuche una voz suave y dulce. La de mi hermano Dani.
Fui hasta su habitación corriendo por si le pasaba algo. Lo ví allí sentado en el suelo, con su tren de juguete en el suelo y en su pequeña manita vi un muñequito vestido de granjero.
Me miró de abajo a arriba, y me dijo.
- Me dijo la tita que... esperases hasta que volviera. Antes de irte.
- Vale. Se fue hace mucho?
- No sé.
Fui al estudio de mi padre y encendí el ordenador.
Me senté en la silla, girándola de un lado a otro. El ordenador se encendió, paré la silla y fui al tuenti.
Alex, estaba conectado y Natalie también. Me habían etiquetado dos fotos y una petición de amistad de un desconocido de otro país.
Me ponía: “ Soy Zacarías, quieres ser mi amigo/a?”
Le rechacé porque no lo conocía de nada. Me conecté al Chat para hablar un poco con Alex y estuvimos chateando durante un buen rato. Que si le quería, que si el me quería a mí, que si estaba nerviosa y más cosas.
Después de un rato en el ordenador, decidí desconectarme.
Aún tenía que ir al hospital a despedirme de mis padres, a despedirme de mis amigas y descansar antes del viaje. Alex y yo habíamos quedado a las cinco en el aeropuerto.
Fui a mi cuarto y puse la radio. Justamente estaba sonando mi canción favorita Someone Like You de Adele. Me descalcé y me puse a cantar y a bailar.
“I heard that you settled down,
That you found a girl,
And you married now.”
Mi voz pronunciaba al ritmo de la música, la letra de la canción.
Cada vez que la escuchaba pensaba en el, en Alex.
Era una canción romántica y dramática.
No me había pasado con Alex, que me dejara por otra chica y espero que nunca me pasara.
Me puse a pensar en nuestro viaje a allí. Lo conocía desde hacía una semana y hoy ya me iba de viaje con el. Nada menos que a la ciudad del amor, a Francia.
Fui a la cocina. Vi una nota en la encimera de mi tía. La cogí y la comencé a leer lentamente, porque digamos que la letra de mi tía no se entendía muy bien.
Querida Sobrinita:
He ido a ver a una vieja amiga que está enfermita y fui a hacerle un poquito de compañía. Dani está en su cuarto, lo he dejado en casa porque la guardería cierra los domingos. Volveré sobre las doce.
Hasta entonces, quédate en casa para cuidar de el.
Posdata: Te e echo el desayuno, está en el microondas.
Besitos.
Dejé la carta en la mesa y fui al microondas a coger el tazón de leche. Seguramente ya frío. Saqué la taza con la leche y la probé para ver si estaba fría o caliente.
Por la temperatura de la leche mi tía se la había ido hace poco.
Cogí de la despensa unos pocos cereales de muesli y los eché en la leche.
Cogí el tazón y lo apoyé en la mesa. Me senté en la silla de madera y comencé a desayunar. Cogí la cuchara que me había dejado mi tía sobre la mesa y comencé a tomar cucharada tras cucharada.
Al poco rato, acabé los cereales y bebí la leche. Cuando me levanté y cogí el tazón. Abrí la puerta del lavavajillas.
Me vino un olor a limpio, a detergente y a.... a nada más. Pero noté el calor del agua caliente. Vacíe todo el lavavajillas y puse los platos y vasos en su sitio.
Luego metí mi taza de color naranja en un hueco del lavavajillas y la taza de color roja de dinosaurios de mi hermano.
Cerré la puerta del lavavajillas y le di al botón de lavado rápido. Cogí un trapo de cuadros amarillos y rojos, y lo pasé por la mesa y la encimera. Ambas sucias.
Salí de la cocina y subí por las escaleras para ir al piso de arriba, tan solo para darme una duchita refrescante y calentita. Tenía frío, mucho frío.
Mis pies descalzos subían los escalones .
Cuando llegue al piso de arriba, en la pared del pasillo estaba el termostato. Le di a un botón que tenía dibujado un sol. La calefacción ya estaba encendida y pronto calentaría la casa.
Fui al cuarto de baño y cogí una toalla de un armario de madera blanca. Apoyé la toalla en la tapa del váter y me metí en la ducha.
Me apetecía una ducha calentita, refrescante y relajante.
El chorro de agua mojó mi cuerpo y mi pelo. Notaba el calor como se recorría mi cuerpo entero. Cogí el champú de “ Dale Brillo A Tu Cabello” y me enjaboné el pelo. Lo aclaré y me eche una crema suavizante que me había comprado mi madre la semana pasada.
Salí de la ducha y me sequé el pelo y el cuerpo. Después de secarme, tiré la toalla al suelo. Cogí el secador rosa de una pequeña cestita, y le di al botón de encender. Me pasé el secador por el pelo.
Un cuarto de hora después, mi pelo estaba seco. Lo sacudí un poco y pase mis dedos antes de peinarme para desenredar los nudos. Cogí el peine y comencé a peinarme cuidadosamente y paradamente por los nudos, de arriba abajo.
Notaba las púas del peine desenredarme el pelo.
Dejé el peine en su sitio. Cogí el cepillo de dientes nuevo, que justamente me había comprado mi tía para el viaje. Me puse unos vaqueros y una camiseta blanca. Luego me puse unos tacones negros que me había comprado en verano. Y me puse una americana negra. Cogí la pasta dentrífica y eché una poquita en el cepillo. Me lavé los dientes.
Noté mi aliento fresco. Con sabor a... a..... a menta!
Salí del baño.
Baje las escaleras. Y justo en ese momento, quieta en el descanso de la escalera, se abrió la puerta.
Bajé hasta abajo. Apoyé mi mano en la barandilla.
La puerta se abrió y pasó mi tía.... sonriente.
Y detrás de ella.... mamá.... papá!
Corrí hacia ellos. Mi padre dejó la maleta en el suelo. Primero abracé a mi padre con fuerza. Lo rodee con mis brazos y le di un beso en la mejilla derecha. Mi padre me abrazo al igual y me dijo al oído.
- Tengo algo para ti.....
Le miré, le sonreí y le abracé nuevamente.
Vi a mi madre, detrás de mi padre. Me miraba sonriente y contenta.
Se acercó a mi despacio, mi padre la miró y le dijo.
- Tania....- preocupado siguió- ... te ayudo?
- No, no. – dijo débilmente- Gracias. Roberto, vete.... a....- mi madre cogió aire y dijo-.... a ver a Dani. Y... a ..... dejar las maletas y trae el.... tu ya sabes.
Mi madre puso la mano en la frente y dijo.
- Me estoy mareando, Roberto.
- El médico dijo que era algo normal. Tienes gripe. Te acompaño a la salita y te.... sientas.
- Vale.- me miró y dijo. Despacio ero sin pausa.- Ali, ayúdame a ir a la salita.
- Vamos.
Me acerqué a mi madre. Le di un beso en la mejilla y le pasé la mano derecha por la espalda y la acompañé a la salita.
Mi tía abrió la puerta y nos dejó paso a mí y a mama.
Mi madre se sentó en la butaca y dijo.
- Tengo.....- sus diente comenzaron a castañear y comenzó a tiritar. Me miró nuevamente y dijo.-..... frío. Mucho frío. Pásame la manta de la abuela Ana, por fa.....- antes de que acabara la frase que acabaría por “vor”, estornudo de una manera.... no tengo palabras para describirlo. Pero agradable ese estornudo, no fue.
Me acerqué al sofá y cogí la mantita de cuadros que justamente la había usado miles de veces para tapar a mi hermano. Me acerqué a mi madre y se la extendí por el cuerpo.
Ella me miro contenta. Agradecida. Cogí sus manos y comencé a frotarlas para que le entraran en calor.
La miré y le dije.
- Bueno.... que vas entrando en calor.
Ella asintió.
- Mamá, voy a..... despedirme de mis amigas.- le dije.
Me acerqué aún más a ella y le di un beso en la mejilla izquierda.
Ella me miro y dijo.
- Antes de que te vayas.... me gustaría saber quién es ese chico con el que te vas de viaje.
- Pues..... es un chico que conocí hace dos semanas mas o menos.- le expliqué.- Es muy majo y agradable. A ti te gustará. En serio.
- Mmm...y sus padres?
- Pues.... no los conozco. Bueno... me invitaron hoy a comer a su casa. Con lo cual a las dos y media tengo que estar allí.
- Ah. Entonces vete a despedirte de las chicas. Que te es hora. Y después, de comer en su casa.
- Voy a venir.
- Y el?
- Alex? El también viene. Te quiere conocer a ti y a papa.
- Me parece bien.
Me acerqué de nuevo a ella y le di un beso en la mejilla. La miré y le dije.
- Te quiero. Bueno... nos vemos cuando vuelva de casa de Alex. Y ahora voy a ver a despedirme de mis amigas.
La abracé delicadamente con miedo de poder hacerle daño. Subí a las escaleras.
Y en el pasillo, me encontré con mi padre. Me dio un beso y me dijo.
- Cuando volverás?- dijo pensativo.- Eh.
- A las tres y media. Por?
- Me refiero al viaje.
- Ah.... dentro de tres semanas.
- Te echaré de menos, mi niña.
- Yo a ti también, papá. Bueno, luego vengo a despedirme de vosotros. Ahora voy a ver a mis amigas. Adiós, papi.
Se acercó a mí y me abrazo. Me miró y dijo.
- Adiós, mi niña.
- Adiós.
Me dio un beso y me abrazó nuevamente.
Bajó las escaleras dirigiéndose a su estudio.
Yo me dirigí al cuarto de baño y me peine nuevamente. Me eché unas gotitas de mi colonia preferida.
Salí del cuarto de baño y escuché a mi hermano llorar. Fui corriendo hasta su habitación.
Lo vi allí, en el suelo. Las lágrimas le caían por la cara. Me acerqué a el. Me agaché y le dije.
- Dani, que te pasa?
- Que....- su llanto hacía difícil que le entendiese, siguió llorando y dijo.-..... me e echo pupa.
- Te llevo con papi.
- Si.
Lo cogí en mi regazo y salimos de la habitación. Mi mano derecha sujetaba su espalda y con la otra mano sujetaba su cabeza.
Bajamos las escaleras y fuimos al despacho de nuestro padre.
Llame a la puerta por si estaba trabajando.
Me dejo pasar y le dije.
- Dani, se ha hecho daño. Estaba llorando hace solo un segundo.
Mi padre me miro preocupado. Su cara mostraba cansancio por todas las horas pasadas en el hospital.
Se levantó de su silla y se acercó a nosotros. Cogió a mi hermano en el regazo y le dijo a mi hermano con tono infantil.
- Te hiciste pupa?
- Sí.- decía mi hermano, al mismo tiempo que se frotaba los ojos.
- Donde te duele.
Mi hermano señaló ambas rodillas. Y mi padre le empezó a pasar la mano por la zona de la rodilla y a cantar en voz bajita y suave.
- Sana, sana.
Culito de rana.
Si no sanas hoy,
Sanarás mañana.
Mi padre dejó de cantar y le dio un beso en la frente a mi hermano.
Lo dejó en el suelo y salió corriendo del despacho hacia la salita.
Mi padre me miró nuevamente y dijo.
- Si quieres ir a despedirte de tus amigas, vete ya.
- Vale.
Miré a mi padre y le sonreí. Me acerqué a el y le abracé fuertemente.
Salí del despacho y me dirigí a la salita.
Entré en ella y me acerqué a la mesita. Cogí el teléfono y marqué el número de Berta.
A los cuatro toques me cogió su padre, José Carlos. Y me dijo.
- Quién es?- dijo, con una voz grave y cansada. Tardé en contestar y el preocupado repitió.- Quién es?
- Soy Alicia, está Berta.
- Sí. Ahora te la paso. Espera. Es que está con María y con Sara.
Esperé un rato, cuando me cogió Berta el teléfono.
- Alicia, estoy con Sara y María. Me he enterado de que Macarena, el pasado mes cumplió dieciocho años y que ayer se sacó el carné de conducir. Es la primera de la clase que se lo saca.
- A sí? Bueno. Mira, venís hoy tú, María y Sara a la plaza. Y puedes llamar a Blanca y a Ana.
- Sí. A que hora?
- A la.... una y media. Es que como hoy me voy.....
- Sí. No te preocupes que me acuerdo. Te tengo una sorpresita, yo y María. Sara se lo dejó en casa de su abuela Esperancita.
- Vale. Jajajajaja.
- Bueno nos vemos. Chao.
- Chao.
Colgué el teléfono y me acerqué a mi madre. Tenía los ojos cerrados y decidí no despertarla.
Le di un beso en la frente y otro en la mejilla.
Salí de la salita y fui a ponerme el abrigo.
Grité en voz alta.
- Hasta luego.
Nadie respondió.
Así que cogí las llaves y las metí en la cerradura.
Al poco rato, estaba en la calle. Apenas hacía frío. Más bien hacia calor. Me pareció extraño que en un día como hoy, un día de otoño, no hiciese frío. Pero no lo hacia.
Comencé a caminar. La gente iba bien abrigada.
Me fijé en un hombre que paseaba a su perro junto a la fuente. Lo gracioso es que el dueño del perro en un momento se descuido y el perro se escapó.
El perro se metió en la fuente y se puso a hacer pis. Una señora comenzó a gritar.
- El perro está haciendo pis en la fuente. Que alguien lo saqué de ahí.
El dueño avergonzado se remangó los pantalones y se metió en la fuente.
Cogió al perro y le fue a pedir disculpas a la señora.
Salió de la plaza rápidamente. Avergonzado y con la cabeza mirando al suelo. De mi boca salio una risita.
A lo lejos, vi que venían Berta, María y Sara. Las tres venían de vaqueros oscuros y sudaderas distintas.
Se acercaron a mí y me dieron un beso y yo lasabracé.
Berta me miró y me dijo.
- Hacía dos semanas que no te veía..... te echaba de menos.
- Ya. Bueno con lo de mi madre. De que si iba al hospital a verla, que si cuidar de Dani y todo eso..... se me han pasado estas dos ultimas semanas volando.
- Tu madre está bien, Ali.- dijo María preocupada, pero contenta de verme.
- Si.- le respondí. Ella parecía aliviada.- Hoy ya vino a casa.
- Bueno.... mejor- dijo María.
- Bueno que.... le damos los regalitos de despedida.- dijo Berta.
- Sí- dijo María y Sara.
- No hacía falta.... en serio.- dije yo.
- Como que no. Somos tus amigas.- dijo Sara.
Berta se acercó a mí y me entregó un paquete.
- A ver si te gusta....
- Sí me lo regalas tu, sí.- dije yo.
Abrí el paquete cuidadosamente y dentro vi un camisón corto y súper ajustado. Era de color blanco y en sus bordes estaban rematados por un sencillo encaje.
Miré a Berta y le dije.
- Me encanta pero.... no crees que es demasiado sexy.
- Que va!
- Berta....
- Vas con tu novio. De viaje. Vas a dormir con el. Quién sabe....
- Ah.... que tonta que eres.
- Abre el mío, Ali.- me dijo María, enseñándome otro paquete envuelto en un lazo rojo.
Cogí de sus manos el paquete y lo abrí. Dentro había unos cascos azules grandes.
Miré a María y la abracé fuertemente. Le dije.
- Muchísimas gracias.
- Los compré porque como los otros los tenías cascados.... y para el viaje. Me alegro deque te haya gustado.
Miré a Sara y vi que tenía un paquete en sus manos.
Me miró a los ojos y dijo.
- Toma, es para ti.
Sara siempre tan dulce como siempre. Con su voz intermedia. Ni muy aguda, ni muy grave. Me acerqué a ella y cogí el paquete de sus manos. La miré nuevamente y le pregunté.
- No te lo habías olvidado en casa de tu abuela Esperancita?
- Si....- dijo apartando la mirada de mí.
- Jajaja- me reí.
- Bueno.... que lo vas a abrir o no.- dijo ella mirándome nuevamente.
Abrí el paquete rápido, pero con cuidado.
Era un vestido corto y ajustado de lentejuelas y escotado. Era precioso. Le di un beso a Sara y ella me dijo.
- Hay alguien que te trae otra sorpresa.
Sara me señaló a lo lejos de la plaza a una personita. Que por la distancia apenas la veía. A medida que esa personita se acercaba, la reconocí. Era Natalie. Se acercó a nosotras. Le dio un beso a cada una y Berta dijo.
- Os habéis enfadado por una tontería, porque no os perdonáis. Eh!
Miré a Natalie. Ella estaba tan sorprendida como yo. Me miró avergonzada y dijo.
- Hola.
- Hola – dije tímidamente y un poco avergonzada.
- Así que te vas hoy....- dijo con una gran tristeza.
- Sí. Lo siento.
Me acerqué a ella y la abracé.
- No lo sientas. Fui yo. Yo he sido la estúpida.
Sus lágrimas comenzaron a caer de mis ojos. Le miré y ella también estaba llorando. Me sequé los ojos y le dije.
- Te perdono si tú me perdonas.
- Pues claro que sí, tonta. Eres mi mejor amiga.
Nos abrazamos durante un largo tiempo y dijo.
- Toma.... es para ti.
- Para mí.
Natalie me puso un paquete de color granate en las manos y dijo.
-Ábrelo.
Abrí el paquete y dentro había.... un álbum de fotos.
- He puesto fotos de cuando éramos pequeñas. Y de ahora. Y como te vas de viaje, quiero que pongas fotos de todo lo que mis ojos no puedan ver. De ti, de tu chico..... y de nosotras.
- Muchas gracias..... Te quiero.
Miré a Natalie y luego a Berta, a María.... y a Sara.
- Os quiero- les dije.
Las abracé y les dije.
- Adiós. Me tengo que ir. Os echaré de menos.
Comencé a caminar dirigiendome a casa.
De mis ojos caían unas lágrimas. Miré a atrás, las vi allí en la plaza. Diciéndome adiós con la mano. Mis manos llevaban bolsas de los regalos. Que ciertamente me habían encantado.
De repente, oí un grito.
Miré a atrás y vi a Blanca, corriendo hacia mí. Cuando se acercó a mí me abrazo y me dijo.
- Adiós.
La abracé y le di un beso en la mejilla y le dije.
- Adiós.
Ella me señaló un paquete que llevaba en la palma de su mano.
- Toma no es gran cosa.
Abrí el paquete y era un reproductor de música.
- Me dijo María que te regaló unos cascos y que necesitabas algo que los hiciera sonar. Entonces decidí comprártelo.
- Muchas gracias. Me encanta. Mm... son unos regalos tan maravillosos.
- Bueno me alegro.
- Blanca, te echaré de menos.
- Yo a ti también. Vete que tienes prisa.
- Como lo sabes?
- Porque te estabas yendo. No?
Las dos nos reímos. Me miró y dijo al mismo tiempo que me daba un beso en la mejilla derecha y me abrazaba.
- Adiós.
La abracé nuevamente y dije.
- Adiós.
Me alejé de la plaza, yendo hacia casa. Me cayeron de los ojos las lágrimas. Algo me decía que las echaría de menos.
Crucé la esquina y llegue a mi casa. Saqué las llaves del bolsillo de mi abrigo y las metí en la cerradura y entré en casa.
Grité en voz alta.
- Ya llegue.
De repente, apareció mi tía Rosalía. Me miró sorprendida y dijo.
- Y tú aquí? No quedaste con las niñas?
- Sí.... pero voy a comer a casa de Alex. Y me tengo que preparar.
- Ah... no me dijiste nada.- dijo enfadada.
- Lo siento tía.- dije triste, me daba pena preocupar o enfadar a mi tía.
- Y mamá?- dije preocupada.
- En la salita.- dijo.
Su mirada triste miraba al suelo. Comenzaron a caerle unas lagrimillas. Pero ella se las secó rápidamente. Le pregunté.
- Tía que te pasa?
- Nada.
- No, nada no. Estás llorando.- dije preocupada porque estaba llorando y enfadada porque no me dijera la verdad.
Sus lagrimillas se convirtieron en lágrimas. Y sus lágrimas se convirtieron en un profundo llanto.
- Te echaré de menos. Muchísimo.- dijo tristemente.
- Tía.... en tres semanas me tienes aquí.
- Pero... es que la semana que viene no estoy.
- Pero no te quedabas un mes....
- Sabes porque estoy llorando ahora....
- Tía no me preocupes.....- dije preocupada. La miré esperando su respuesta.
Ella quería decírmelo pero no podía. Su mirada era triste y cansada. Apartó la mirada del espejo de la entrada y dijo lentamente.
- Ali... tu echaré de menos. Mucho de menos.
Mi tía se acerco a mi y me dio un beso. Y me abrazó fuertemente.
Se secó las lágrimas de los ojos y se fue hacia la cocina para hacer la comida. Entré en la salita y entró mi hermano detrás mía. Se acercó a mí y me tiró de la camiseta. Me agaché y me dio un besito en la mejilla.
Me enseñó un dibujo que tenía en sus manos y dijo.
- Es para ti- dijo con su voz dulce.
Me entregó el dibujo en mis manos y yo le sonreí.
Era un dibujo de mamá, papá, Dani y yo. Le abracé y le dije.
- Muchas gracias, hermanito.
Mi padre y mi madre nos miraban sonrientes. Era la primera vez, en mucho tiempo que no nos abrazábamos y nos dábamos besitos en la mejilla.
Mi madre se levanto despacio y se acercó a nosotros. Nos abrazó a ambos y dijo.
- Os quiero, mis niños. Os quiero muchísimo.
Miré a mi padre mirándonos contento y me acerqué a el le abracé y le di un beso en la mejilla. Por primera vez en mucho tiempo estabamos todos unidos y felices.
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