miércoles, 8 de febrero de 2012

Capítulo 17: Flores y café

Capítulo 17: Flores y café 

Salí a la calle. Hacía frío. Corría una brisa fresca. Allí estaba Alex, con su chaquetón y su bufanda. Tan guapo como siempre. Con su sonrisa siempre dibujada. Sus labios rosados y carnosos que hacían que quisiera besarle a todas horas.
Me acerqué a el y le besé. El me devolvió otro beso y dijo.
-         Señorita Alicia Pena.
-         Sí....- dije con intriga.
-         Sabes usted que es ilegal robarle el corazón a un joven.... inocente?- dijo con tono raro que me hizo reír.
Le miré y le contesté.
-         Si es así.... deténgame.- dije con tono burlón.
Se acercó a mí y sonrió. Me agarró de la cintura y dijo.
-         Vamos a nuestra cafetería.
-         Vale – deje contenta.
Me acurruqué en sus brazos. Su calor corporal hacía que apenas tuviera frío. Me sentía a gusto entre sus brazos. Hacía dos semanas que no nos veíamos. Pero nos enviábamos mensajitos románticos por las redes sociales.
Me miró pensando que no me daba cuenta y me dio un beso en la mejilla. Le miré haciéndome la despistada y le dije.
-         Te quiero.
-         Mucho.- dijo.
-         Hasta el infinito y más allá. – dije.
Llegamos a nuestra cafetería. Entramos ambos agarrados de la mano. La clientela se nos quedó mirando fijamente. Me avergoncé y Alex me dijo al oído.
-         No te preocupes, nerviosilla.
Nos sentamos en la mesa más cercana y Alex me dijo.
-         Ya te despediste.
-         Sí....- dije tristemente y suspirando.
Me cogió la mano y me miró durante un buen rato a los ojos. Sus ojos verdes brillante miraban a los míos castaños.
La gente se nos quedó mirando un buen rato más y luego se pusieron o a tomar su café o a leer el periódico.
-         Toma esto es para ti.
Sacó de debajo de la mesa un ramos de rosas rojas y me lo dio.
Se levantó de la silla y se arrodilló ante mí y dijo.
-         Te quiero.
La gente comenzó a mirarnos nuevamente y yo me levanté de la silla y dije.
-         Yo también te quiero.
Me tiré a sus brazos y le besé apasionadamente en los labios.
La gente comenzó a aplaudir y yo me sonrojé.
El camarero vino y dijo.
-         Que quieren?- dijo contento.- Invita la casa.
-         Pues....- Alex me miró y dijo.-.... dos cafés.
El camarero al poco rato nos trajo los cafés, uno cortado para Alex y otro con leche para mí. La gente dejó de mirarnos y poco a poco fueron saliendo de la cafetería.
Nos los bebimos lentamente porque ardían mucho y hablamos un rato de nuestras cosas.
El me miro y se puso serio. Me dijo.
-         Mis padres son.... desagradables.
-         Por que me lo dices?
-         Para que no te asustes cuando los conozcas. Una vez, mi antigua novia me dejó por ellos. Y no quiero que.... tu....
-         Que yo..... te deje- dije comprensiva.
-         Sí. No puedo pensar que me dejes. Eres lo mejor que me ha pasado.
-         Tu también.
Me miró y dijo tristemente.
-         Mis padres son ricos. Se pasan todo el día fuera de casa. Y cuando vienen, o están en su despacho trabajando o reciben llamadas cuando estamos comiendo. Nos dicen que no valemos para nada.
Me miró y dijo nuevamente.
-         Ojala...
-         Ojala nada.- dije enfadada y preocupada.
-         Mmm..... cambiamos de tema.- me dijo.
Llamó al camarero y le preguntó al camarero.
-         Cuánto?
-         Ya le he dicho que invitaba la casa.- dijo el camarero amablemente.
-         Muchas gracias- dijo sonriéndole.
Cogí mi ramo de flores y salimos de la cafetería. El camarero nos dijo adiós con la mano y Alex me dijo.
-         Lista para conocer a mis padres y a mi hermana Charlote.
-         Mmm.... no- dije bromeando.
Se rió y le deje.
-         Sí, por supuesto.
Me agarró de la cintura y fuimos hacia su casa.


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