domingo, 22 de enero de 2012

Capítulo 1: Mi vida no importa

Capítulo 1: Mi vida no importa

Era una tarde otoñal. Hacía frío, mucho frío. Estaba sentada en el sofá buscando algo interesante en la televisión. No daban nada! Mi cuerpo frío, tapado por una manta vieja de cuadros verdes y azules, entraba en calor, mientras que me tomaba un chocolate caliente. Seguía buscando algún programa y acabé apagando la televisión. Me levanté y fui a la cocina, puse la taza del chocolate en el fregadero y fui a buscar algo de comer.  Al final, acabe cogiendo un cuenco de  sopa, que mi madre me había dejado en el microondas. Pensando si me apetecería.  Me senté en la mesa solitaria, mirando el reloj. Las agujas marcaban los minutos.... segundos.... Mi madre estaría a punto de llegar. Iba metiendo las cucharadas poco a poco, en mi boca. Saboreando la sopa que me había echo mi madre. Cuando acabé la sopa, estuve un rato sentada. Pensando que haría mi madre cuando llegase con mi hermano y me viese ahí sentada en la silla, tomándome tranquila el cuenco de sopa que me había dejado ella. En vez de estar estudiando la lección de física. Asustada, me desperté de mi sueño y fui hacia el lavavajillas. Abrí cuidadosamente la puerta del lavavajillas. Metí el cuenco en un hueco que quedaba libre y cerré la puerta. Le día al botón de inicio rápido y comenzó a lavar. Fui corriendo hacia mi habitación, cuando de repente oí un ruido y me paré en seco. Sería mi madre, seguro. Hoy como abría la puerta con las llaves. Era mi madre. Fui corriendo a la habitación, porque mi madre pensaba que estaba estudiando. Abrí el libro de física y me senté en la silla, poniéndome a estudiar. Mi madre abrió la puerta y paso adentro, seguidamente dijo en voz alta.
-Alicia, ya llegue. Estás estudiando?
Me hice la sorda y me puse a lo que estaba, a estudiar.
Oí como abría la puerta de la cocina y dejaba las bolsas de la compra, en el suelo. También oí como mi hermano, abrí la puerta de la salita y llamaba a gritos a mi madre. Mi madre, como no, acudía a sus llamadas.
Mi hermano es caprichoso. No me extraña, porque mi madre le dice que si a todo. Odio a mi hermano, desde que nació todo cambió. Mi padre llegaba muy tarde a casa y mi madre por la mañana en la oficina y por la tarde con Dani. Yo en cambio, estaba estudiando y estudiando. A penas salía de casa, mis amigas por semana no salían y los fines de semana, solo quedábamos el sábado. Cerré el libro y salí de la habitación a saludar a ambos los dos. Bajé por las escaleras con prisa hasta llegar a la salita. Abrí la puerta y vi a mi madre sentada en la butaca, con la mirada perdida. Me acerque lentamente a ella, para no hacer mucho ruído, le miré a sus grandes ojos verdes. Estaban cubiertos de lágrimas y parecían cansados. Mi madre tenía ojeras, del cansancio de por las noches. Últimamente, dormía mal. Iba frecuentemente al médico y lo único que decía era que reposase y que le iba a dar un medicamento para dormir mejor. Mi madre reposaba y se tomaba el medicamento, pero aún así no parecía hacerle efecto. Mire a mi madre, comenzó a llorar disimuladamente pero lo suficiente para que me diera cuenta.
Mi madre seguía llorando, no sabía que hacer. Apenas sabía que decir. Mi mente no podía reaccionar. No me gustaba verla llorar. Cogí un pañuelo. Cogí su mano, la acaricié suavemente. Abrí la palma de su mano y puse delicadamente el pañuelo. Ella desvió la mirada hacia su mano. Se quedo un rato mirando el pañuelo y se decidió a cogerlo. Primero se secó los párpados y luego se sonó la nariz. Y abrió, cortadamente los labios.
-         Gracias.
Le mire y me decidí a contestarle.
-         Mama, estás bien? No tienes buena cara.
-        No te preocupes, Ali. Debió cogerme el frío en el parque. Eso es todo, no hay porque preocuparse.
-        Debes ir a la cama. Si no, te vas a poner peor. Ya te lo avisó el médico. Mamá tienes que ir al hospital, te dijo que si seguías así que no dudarás en ir allí.
Mi madre lanzo una risa. Le mire preocupada, no me creí lo que iba a decir. Pero me salió del alma.
- Mama, ya me ocupo de Dani. En serio, llamó ahora a papá y que te llevé.
Me miro, y dijo sorprendida.
-         Estas segura, Ali... me ocupo yo. No hace falta, ya me recuperaré.
Iba a decirle que sí, pero no quise ser egoísta y se lo negué.
-         No, mama! Tú estás enferma, ni te lo pienses. Para que me tienes a mí?
Mi madre me miro agradecida, se levanto de la butaca despacio y fue hacia el dormitorio. Caminaba lenta y débil. Yo la acompañé, dandole mi mano para que tuviese un punto de apoyo. La dirigí hacia la habitación, se metió en la cama y  le dije.
-         Quieres algo mama?
-        Si aún no te comiste el cuenco de sopa. Me apetecería, si no te importa. Tengo ganas de tomarme algo caliente. Si me haces el favor...
Le mire y le dije.
-         Mami, ya me lo comí. Pero te hago otra cosa?
-        No. Gracias, mi niña. No te preocupes seguro que lo mío pasará y mañana estaré como nueva. Siéntate en la butaca, y cuentame lo que has echo hoy mientras....- paró, para tomar aire y prosiguió- no estaba.
-        Pues.... no hay mucho que contar. Puse la tele y no echaban nada. Entonces, apagué la tele y fui a la cocina a tomarme el cuenco de sopa. Y cuando llegaste.... – me di ánimos para decirlos, pero no me atreví- Pues....
Justo cuando iba a inventarme cualquier excusa, mi madre dijo.
-         No estudiaste. Verdad?
-        Mm... pues.... vale, no estudie.
-        Mira que te avise- lo dijo tristemente y parecía decepcionada- Te dije que cuando volviera a casa, quería verte estudiando.
-        Lo siento, mamá.
Mi madre tumbada en la cama y yo sentada a su lado, en la butaca.
Fui a la salita y cogí el teléfono. Marqué el número de la oficina donde trabajaba mi padre y contesto una voz distinta a la de mi padre, pero que me resultaba familiar.   
-         Teléfono de Carlos. Quién es?
Era el compañero de trabajo de mi padre y íntimo familiar de la familia. Se llamaba Mario, venía todos los sábados con su hijo un año más pequeño que yo a visitarnos. Siempre me había parecido una persona muy amable. Pero curiosamente el sábado pasado no habían venido por motivos familiares. Salí de mis pensamientos y decidí responderle al ver que esperaba a mi respuesta.
-         Soy Alicia, su hija.
El hombre cambió de un tono serio a un tono contento y dijo.
-         Ah!! Hola Ali. Que Tal? Todo bien por allí? Que tal Dani? Seguro que ya está echo todo un hombre, por lo que me cuenta tu padre....
-         Bien, tengo que hablar con mi padre. Es urgente.  
-         Ahora te lo paso. Pero es algo serio?
-         No, no.... no te preocupes vale. Pero pásamelo ahora.
El hombre gritó su nombre y más tarde, contesto mi padre.
-         Ali, que quieres? Te dije que no me llamaras al trabajo a menos, que fuera importante.
-         Papá, mamá está enferma.- dije preciptada- Estoy en casa cuidando de Dany. Mamá está tumbada en la cama, está llorando.
-         Como?
-         No está bien. Punto. Ven.
Mi padre colgó el teléfono y me senté al lado de Dani a esperar. Mi padre conociéndolo no tardaría en llegar cuando eran temas de extrema urgencia. Mi hermano estaba viendo los dibujos animados que más le gustaban, eran de superhéroes. Mi hermano se sabía los capítulos de memoria y nunca se perdía uno. Me senté a esperar, y esperar...... y esperar.

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